| Vida |
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"Se trata de crear una nueva conciencia, de inculcar en las nuevas generaciones un respeto profundo hacia la naturaleza, de enseñar a los niños, ya en los colegios, que sí atentan contra la integridad del planeta atentan contra su propia vida y contra la de sus descendientes.
Es preciso que a través de los poderosos medios con que cuenta la sociedad moderna, como la televisión, las grandes revistas y periódicos, las enciclopedias zoológicas y los libros de ciencia o divulgación, hagamos una llamada desesperada y permanente.
Es preciso respetar nuestro entorno a nivel individual, necesitamos cuidar la tierra porque se nos esta muriendo. Cada planta, cada animal, incluso cada complejo minero, cada paisaje, tiene su razón de ser. No están a nuestro alcance por puro azar o capricho, sino que forman parte de nosotros mismos. El hombre no es un ovni venido de una lejana galaxia; el hombre es un poema tejido con la niebla del amanecer, con el color de las flores, con el canto de los pájaros, con el aullido del lobo o el rugido del león. El hombre se acabara cuando se acabe el equilibrio vital del planeta que lo soporta. El hombre debe amar y respetar la Tierra como ama y respeta a su propia madre..." Félix Rodriguez de la Fuente Antes de hablar del legado de Félix Rodríguez de la Fuente hay que entender no solo al personaje sino al ser humano que nos brindó la oportunidad de ver y sentir la naturaleza a través de sus ojos.
El personaje es bien conocido por todos. Un hombre adelantado a su tiempo que utilizó todos los medios de comunicación para trasladar su pasión por el entorno y su preocupación por la implacable destrucción del mismo. Pero la persona, desconocida para muchos, fue la que trascendió todas las barreras de cultura, prejuicios y costumbres para llegar al corazón de millones, independientemente de edad y procedencia.
La esencia del legado de Félix está precisamente en su humanidad; en su extraordinaria capacidad para despertar en toda una generación el innato sentido de pertenencia y respeto al entorno que todos albergamos; en su generosidad para compartir todo lo que aprendía y le hacía vibrar; en su fuerza para no abandonar la quimera de un futuro donde el hombre se reencontrara con la madre naturaleza; en su intuición al saber que los niños y jóvenes, inocentes y más próximos a la verdad, eran los verdaderos receptores de su mensaje y los únicos capaces de reconducir la espiral autodestructiva de la sociedad moderna. El verdadero legado de Félix es el fondo de su mensaje, atemporal y vital para el equilibrio del hombre en sintonía con el universo.
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